La información correcta, en el lugar preciso, en el momento indicado

No es difícil recordar el primer dia de trabajo en una nueva organización. Se puede ser un experto en la materia, pero si no se conoce la radiografía de la organización a la cual se está en proceso de integrar, no sólo existe el riesgo de estropear las cosas por no saber qué hacer, sino también por hacer algo mal.

Entonces, tampoco es complicado evocar, que lo primero que hacen los empleadores, es enviar al novato con la persona con más experiencia en el área, aquella que sabe el por qué, cómo y dónde de lo que se necesita, y que por alguna extraña razón, sólo esta persona  conoce.

Este hecho particular, lamentablemente se repite en un sinnúmero de organizaciones, y es que, esta “sapiencia” sólo la tienen aquellos que, por su larga permanencia en su centro laboral, o por el desarrollo de sus capacidades cognitivas, han logrado crear soluciones ante los percances o hechos del día a día.

Es por ello que entre los colaboradores, siempre habrá quien “termine más rápido” o “a quien no le corrijan nada”, pues esta persona ha creado sin saberlo, un procedimiento eficaz y eficiente para desarrollar las tareas de su competencia. Esta persona sigue un patrón para ciertos casos particulares, y sabe el proceder, sin perder tiempo en investigar. Pero, ¿por qué es él o ella la única persona (o en todo caso son pocos) que maneja esta ventaja?

Se puede sostener que estas personas hayan logrado concentrar el conocimiento de manera intencional, ya que buscan ser imprescindibles para su organización. O puede ser que sí exista voluntad por parte de las personas en que sus conocimientos sean utilizados. Pero se carece de un método apropiado para la selección, almacenamiento, administración y actualización de la información; de esta manera, los interesados, al no poder encontrar la documentación necesaria, la dan por inexistente.

¿Qué sucede cuando un colaborador, consciente del valor de su capital intelectual dentro de la empresa, empieza a “negociar” con él, utilizándolo como herramienta para conseguir “un aumento” o “un ascenso”, o hasta que  “se lo lleve a otra compañía”?

Esta es la habitual preocupación de la gerencia cuando un empleado deja de trabajar en la empresa. Es para evitar esta pérdida de capital intelectual que se crea la, muchas veces nombrada, “Gestión del conocimiento”, teóricamente tan bien explicada, pero en la práctica tan poco utilizada.

Y es que no se trata de una base de datos, con documentos de incontables páginas, sino de información procesada, didáctica y amigable para cualquier usuario que busque acceder a ella. Es importante que el conocimiento sea selecto, estructurado, editado (lenguaje común de los interesados) y actualizado.

Una forma interesante de actualizar este conocimiento, es  trabajando “on line”, es decir, en tiempo real, donde los emisores y receptores del conocimiento se encuentren, y muestren sus necesidades y recomendaciones, y así se les hace partícipes activos en la generación y retroalimentación de este importante capital intelectual.

Elaborado por:

Dora Yuiján

Asistente de Operaciones

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